Ayer escuchando la radio, se pusiero a hablar del hyper-miling: por lo visto, con esto de que la gasolina ha subido una barbaridad, la gente se ha puesto a hacer hyper-miling, que consiste en conseguir reducir el consumo de gasolina todo lo que se puede, hacer cuantas más millas por litro de gasolina como sea posible –reducirlo conduciendo todo lo que se pueda claro; reducirlo gracias a no coger el coche no vale.
Hay algunas reglas básicas: no pasar de 2.000 revoluciones por minuto mientras se acelera, dejar de acelerar tan pronto como se ve un estop o un semáforo en rojo, etc. Pero por lo visto hay una distinción importante entre hyper-miling normal y hyper-miling “extreme”. El hyper miling extreme utiliza interesante maniobras como ponerse pegado detrás de camiones para reducir la resistencia al viento o no frenar en general nunca, yendo en las curvas a toda castaña para no perder inercia.

Cuando uno se mete en hypermiling, tunear el coche para reducir la resistencia al viento es importante. Nótese el uso a tutti-plen de la cinta aislante.
Por supuesto estos pioneros americanos del hyper-miling todavía no conocen técnicas más avanzadas que he visto practicadas desde hace décadas, como por ejemplo apagar el coche en las bajadas.
Para los que se reían. Igual que con las persianas o el colacao, aún les quedan muchas cosas que aprender a los amerikanen.
El programa sobre hypermiling está en http://www.publicradio.org/columns/marketplace/business-news-briefs/2011/09/increase_your_gas_mileage_a_guide_to_hypermiling.html Está muy gracioso (alrededor del minuto 23)
Algún día podré contar que me acuerdo de haber vivido aquellos días en los que de verdad uno pensaba que la web era gratis. Uno podía ir a un buscador, escribir aquello que quería encontrar de uno forma un poco críptica, y acto seguido, cienes y cienes de resultados aparecían. Lo que era más increible, por lo gratis, uno podía simplemente poner una dirección e ipso facto, aparecía un mapa con todo detalle del lugar. Y no solo un mapa tal cual, sino un mapa con fotografías de satélite, aéreas o incluso al nivel de la calle, y uno podía descubrir como llegar de un sitio a otro incluso el tráfico en las autopistas…
Seguramente no debería escribir esto, pero cuando hace dos meses me cambiaron de teléfono, me resistí con uñas y dientes. Las luchas en el entorno corporativo son bastante poco románticas de todas maneras, así que no vale demasiado la pena extenderse en los detalles: me quitaron mi teléfono sin demasiada conmiseración.