La Justicia

Acabo de terminar de ver el documental de The Staircase. En Diciembre de  2001 encuentran a muerta al pie de la escalera de su casa de Carolina del Norte a Kathleen Peterson, la mujer de Michael Peterson, por lo visto un novelista más o menos famoso. Al poco de comenzar las investigaciones, y una vez el marido es acusado de asesinato, un equipo empieza a filmar como se va desarrollando el caso. Finalmente dos años después, se celebra el juicio ante un jurado.

Hay varias cosas por las que merece la pena ver el documental. La primera, es lo complicado que puede llegar a ser llevar la defensa. Para demostrar la inocencia de Michael Peterson se contratan expertos forenses que analizan las heridas en el cráneo para ver qué puede haber pasado y qué no; expertos en biomecánica que a partir de las manchas de sangre determinan como han sido los golpes y como han podido ser causado’; analistas que determinan qué convence a los jurados, y qué no, haciendo pruebas ante varios voluntarios; e incluso se viaja a Alemania para investigar qué relación puede haber con la muerte de una antigua amiga de la familia 20 años antes. Además del abogado, se mantiene una plantilla, a tiempo completo de, cómo mínimo, 3 personas continuamente durante los dos años. Se deja decir de pasada que los gastos de la defensa son en total de unos $800.000. 

Y no se dice, pero se sobreentiende que en realidad el estado está gastando una cantidad parecida, si no más. Autopsias y más análisis, e incluso exhumaciones de cadáveres. Al final, cómo se dice el propio Peterson, ya deja de importar la verdad, el averiguar qué  pasó. Lo único importante ya es ganar el caso. ¿Qué posibilidades de demostrar inocencia tiene alguien sin dinero? Y esa ambición de ganar a toda costa hace que la evidencia científica deje de tener importancia. Al final distintos expertos demuestran tener opiniones contradictorias, dejando que cada uno continúe a menudos sus propios prejuicios.

Otro aspecto interesante es la manipulación de los medios. El documental presenta en realidad una mirada alternativa de lo que se presentó durante aquellos días en la televisión, que cubría el caso con una mirada sensacionalista. Quizás no es posible tener una visión objetiva de ninguna forma, pero da que pensar cómo de fácil se puede dejar hacer pensar algo. El cómo ocurrió una muerte o por qué tenemos derecho a ocupar un país que no es el nuestro.

Pero sin duda lo que más impacta es la forma en que en definitiva termina todo el proceso judicial. Michael Peterson está acusado de asesinato. Se enfrente a una posible condena a cadena perpetua. Si se encuentra que es culpable, puede que nunca más volverá a ser libre.  Esa decisión, el veredicto final, es tomada en última instancia por un jurado compuesto por 12 personas escogidas al azar. 12 personas de la calle. Quienes tienen que decidir si es culpable o no son 12 personas que pueden ser las primeras doce que uno se encuentra en la calle cuando va caminando por ahí.

Cuando pienso en personas escogidas al azar me acuerdo de las preguntas que hacía Gomaespuma. “Perdone, ¿qué opina usted sobre las medidas que se están estudiando Japón para aumentar la programación diaria de televisión a 25 horas al día?”, “Ah, a mi me parece muy bien”, responde la señora, “que a mí siempre me falta tiempo para ver la tele al mediodía.” “Y usted, ¿qué opina sobre la celebración de la Copa América de barcos de 25 metros de eslora en Madrid?”.

Y no es que crea que los españoles, aunque seguramente estemos por encima de la media, seamos especialmente burros. “How many sides does a triangle have?”, preguntaba uno en otras entrevistas hechas en la calle por Estados Unidos. “A triangle…? One?”.

El juicio ante un jurado ya no tiene nada que ver con la verdad, con intentar ser más o menos razonable, sino en convencer a esas 12 personas, con todos esos prejuicios que todos tenemos, de lo que uno quiere convencerles. Ya hay un buen número de gente cuyo único trabajo es hacer que tomemos las decisiones que ellos quieren. Y así nos manipulan, con total conocimiento de ello,  nuestros sentimientos, nuestros instintos, también nuestros prejuicios e incluso las imperfecciones de nuestros sentidos para conseguir así que compremos, sin que en realidad seamos muy conscientes de ello, este coche, estas patatas fritas, o aquel jueguete. Y si no tenemos todavía dinero suficiente para ello, harán que lloremos para que nos las compren.

Quizás cuando se trata de comprar cosas uno puede ver cosas buenas y otras no tan buenas sobre la publicidad, pero, ¿y cuándo se trata de decidir la vida de un hombre?

Uno puede entender por qué el jurado es quién toma la decisión final. En definitiva es una forma pura de democracia. Uno se imagina Estados Unidos hace 200 o 300 años, con una ley que es, en gran parte, common law, siendo los propios ciudadanos quienes puedan decidir qué es lo correcto y que es lo que no. Qué es ley y que es no. Los que tenían la capacidad de decidir, en fin, cómo querían que fuera la sociedad donde vivían.

Pero eso es el cuentito que yo me estoy montando. Ahora se está decidiendo si alguien ha asesinado a otra persona o no. Y no son un experto forense, ni siquiera un investigador, ni siquiera un juez quien lo decide, sino esa persona a quién te paras para preguntarle por dónde se va a Las Ramblas  (o uno que escribe tonterías como éstas).

Y yendo un poquito más allá, el ver lo incompetentes que somos en general nos lleva a pensar que quizás lo peor es darse cuenta de cómo en realidad somos incapaces gobernarnos, y que por mucho que nos quejemos esto que llamamos –sin demasiada razón– democracia, donde escogemos un papelito de entre dos cada dos años es la mayor responsabilidad a la que podemos aspirar.

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Una respuesta a “La Justicia

  1. esta muy bien el articulo, y la nueva pagina web, que no sabia que la habias cambiado.
    desgraciadamente en todos los paises si no tienes recursos tienes muchas dificultades para conseguir ganar en los tribunales, pero lo de EEUU es exaguerado.

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